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La terapia del dolor en el deporte

por Maria Fernanda Cortez en November 28, 2022

El dolor es parte de nuestro ADN, somos seres que sienten; así como el bienestar es una sensación que nos causa felicidad el dolor, por el contrario, suele estar relacionado con el sufrimiento. Pero ¿qué hay detrás del dolor que nos trae satisfacción? ¿Es posible?

Si bien es sabido, el realizar algún esfuerzo físico conlleva cierto dolor dependiendo la intensidad que se realice, lo que es totalmente normal. Cuando iniciamos un entrenamiento, por lo regular el dolor es mayor, ya que nuestro cuerpo no está acostumbrado a ejercitarse. 

Por naturaleza los seres humanos repelemos el dolor, pero en el caso del ejercicio, las personas que realizan actividad física, lo ven como parte esencial del entrenamiento ¿quién lo diría? El dolor deja de ser un limitante y pasa a ser una oportunidad para crecer como atleta. 

El dolor que se siente después de hacer ejercicio se debe a microtraumas microscópicos producidos en las fibras estriadas de los músculos, provocados por la realización de una actividad intensa para la cual no están acostumbradas.

El dolor posterior al ejercicio se ha ganado la denominación de Daño Muscular Inducido por El Ejercicio (DMIE).

El DMIE usualmente da lugar al Retraso en el Comienzo del Dolor Muscular, o “RCDM”. Esto ocurre cuando el dolor muscular no aparece completamente sino hasta 24 a 48 horas después del ejercicio. Cuando el dolor limita la fuerza o el rango de movimiento, lo mejor es escuchar a nuestro cuerpo y darle un día o dos de descanso.

No temas, “sentir dolor” no es igual a “debilidad”. De hecho, el dolor significa que los músculos han sido llevados a un punto un poco más allá de su máximo, el cuerpo solo necesita tiempo para recuperarse. Cuando las fibras musculares desgarradas se restablecen, se vuelven más fuertes, pero generalmente ese proceso requiere de dos a cuatro días. No obstante, ten cuidado, ejercitar los músculos dañados a menudo abre la puerta a nuevas lesiones y a contratiempos en tu rutina.

Este proceso es conocido como “principio de sobrecarga progresiva”, y es el proceso por el cual el entrenamiento te hace más fuerte y más rápido.

Si bien no hay un solo método probado para desterrar el dolor o acelerar la recuperación, algunas tácticas te pueden ayudar a aliviar el RCDM y evitar una lesión futura. Algunos atletas optan con un baño de inmersión con hielo después de competir, siguiendo la lógica de que las temperaturas frías constreñirán los vasos sanguíneos (reduciendo la inflamación) y retrasarán el proceso de ruptura muscular. La terapia con masajes también ha probado disminuir el dolor sin afectar la función muscular. Por último, pero no menos importante, hacer algunos estiramientos clásicos podrían hacer bien a tu cuerpo.

Así es como funciona el dolor físico después de la exposición con el ejercicio. Está claro que, después de una intensa rutina, el cuerpo debe reposar y sobreponerse. Esto permitirá que tu cuerpo obtenga nuevamente energía y tus músculos puedan fortalecerse. 

Este tipo de dolor les trae mucha satisfacción a los atletas, porque sienten cómo su cuerpo ha trabajo y el esfuerzo reflejado. Si bien, los motiva a continuar para su próximo entrenamiento. Todo trabajo conlleva determinación, y la actividad física demuestra cómo el dolor va más allá del sufrimiento, siendo un impulso para seguir.

Además del dolor físico que surge después del entrenamiento, el dolor consensuado y supervisado llega a ser tan benéfico para los seres humanos, que muchas personas lo utilizan como medio para superar un trauma, salir de la depresión y ansiedad. 

Una de las razones por las que muchos atletas realizan deportes extremos es la sensación de bienestar que surge después de la exposición al dolor. 

Un ejemplo en particular muy interesante, es el de la buceadora Johanna Nordblad, quién rompió el récord mundial en recorrer nadando la distancia más larga bajo el hielo. Ella aborda el dolor del agua en congelación como una terapia para sí misma. 

El dolor le ayudó a superar un trauma que había consumido su vida entera. El enfocar su mente mientras su cuerpo experimentaba los grados bajo cero, es lo que permitió transformar su dolor en fortaleza. Y esto lo aplicó a su vida personal; la respiración lenta bajo el agua y el enfoque, cambió su perspectiva de vida.

Su experiencia sirve como ejemplo para entender cómo reacciona la mente y el cuerpo cuando los expones al dolor físico consensuado. En lugar de actuar como sufrimiento, puede servir como terapia. Es importante mencionar que siempre se debe estar bajo supervisión por expertos porque exponerse al dolor va más allá de un pasatiempo.

El dolor puede dar miedo, incluso puede debilitarnos, pero depende mucho del enfoque que le demos. Podemos quedarnos congelando de dolor y morir o respirar y verlo desde una perspectiva distinta. Exponernos al dolor de vez en cuando nos permite conocernos a fondo y saber que estamos vivos. 

Cuanto más enfrentemos el dolor, más fuertes nos haremos. Es parte de nuestra supervivencia como seres humanos luchar cada día y confrontarnos con nuestro propio cuerpo y mente.  

Somos fuertes, podemos decidir y transformar nuestro dolor en superación.

La fortaleza del ser humano radica en el dolor. 

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